martes, 13 de septiembre de 2011

Revelación

Lo decía como un atrevimiento, un reto, un grito en voz alta, sabiendo que incendiaría algo. "No quiero tener hijos". Sus miradas indignadas trataban de oprimirme, aquello era demasiado de mi parte. Diego hablaba como un adulto y decía que para despertar mi instinto era necesario estar con niños. Salí a la calle en calma y miré al cielo; me supe libre.
Me convertí en un libro que volaba ondeando sus hojas en el viento como un quetzal. Y me iba, cariño, me iba.

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