martes, 1 de febrero de 2011

Bienvenida al primer mundo


Un cilindro dominico envuelto en plástico rígido.
Las chuches de un adulto hostigado por el viento.
Al menos la chica fue amable, dulce casi.
Yo sentía el dolor de sus braces-brackets.
The european way, my little dovie, J'y pense.
Más tarde Él me encontró probando sombreros.
Comiendo pan tibio, recorrimos el último tramo del viaje. Tras tres años hemos llegado a casa.
Sólo estuvimos en el vestíbulo, pero nos dieron la bienvenida.
Cuando culminaron las campanas, mi nariz respiró por sí misma.
Hoy. Hoy ya es febrero...

domingo, 30 de enero de 2011

La anarquía no es imposible


Terminamos la partida de ajedrez a la medianoche. En sueños me movía como la reina.
¿Cruz y raya?
Huevos es lo que nos falta a todos, he dicho muchas veces. Huevos para cambiar un "Dispárame, pero antes dime por qué" por el sonido que hace un televisor al apagarse.
No hemos de ver a nuestro país cambiar, no hemos de ver este barco alzarse. Eso sucederá en quinientos años más, cuando las migraciones hayan tranformado su rostro y una joven colmada de eros me busque ávida entre las páginas de un libro olvidado.
Cuando despierto, me pregunto ¿vale lo que cuesta la Revolución con la que sueño?

viernes, 28 de enero de 2011

Estornudo




Un achú tan fuerte que me pegué en la frente contra la puerta de color lavanda.

martes, 25 de enero de 2011

Me vale madre


No fue.
"¡Rápido no!, ya sabes que aquí nada es rápido".
Edna...
El bestiario académico.
Todas, con sus caras feas y sus nombres pobres. Yo fui hija única, yo no tengo hermanas.



Valió para pura chingada la devoción, la esperanza.
Se levantan las puertas, se cierra la muralla.

domingo, 23 de enero de 2011

Mañana

¿Será o no será?

viernes, 21 de enero de 2011

Erupción


Volcán dormido,
noble, de piernas cruzadas y manos sobre el vestido.
Unos ojos de azúcar y hablar suavecito.
Yo te creo.
Yo te he visto atravesar un oceáno mítico y
quebrarte en cuatro baños.

Antiguo monstruo de niebla,
llegará el día en que serás volcán de lluvia.

miércoles, 19 de enero de 2011

Iruña

Caminaba por el antiguo asentamiento romano.
Noche; calles estrechas y húmedas.
Un "quiero volver a casa" rancio y raído; trapo de cocina usado, un poco apestoso y roto en las orillas.
Sigo siendo una niña, aunque ya no tenga la voluntad de caminar a saltos. Aunque sea una mujer cansada.
Pienso en la imagen del soldado herido que llorando y tembloroso dice "mamá".
Hastío. Abandono, tristeza y fastidio.
"Ánimo", me dice el vagabundo cuyo tumor facial había captado mi atención hace meses, "una sonrisilla".
Encantadora, le contesto: "Buenas noches".
"Igualmente", culminó, convertido para entonces en hidalgo.